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viernes, 29 de abril de 2011

PENA DE MUERTE: UNO DE LOS MAYORES CRÍMENES DE ESTADOS UNIDOS

Autor

Amy Goodman
Democracy Now!


Artículo tomado de rebelión.org

La causa relacionada con la condena a pena de muerte de Mumia Abu-Jamal dio un giro inesperado esta semana cuando un tribunal federal de apelaciones declaró por segunda vez que la condena a muerte de Abu-Jamal fue inconstitucional. El Tribunal Federal de Apelaciones de Filadelfia halló que las instrucciones para la condena recibidas por el jurado y la forma del veredicto que tuvieron que utilizar en la condena no fueron claras. A pesar de que la controversia acerca de la culpabilidad o inocencia de Abu-Jamal no se trató, el caso pone en evidencia los problemas inherentes a la pena de muerte y al sistema de justicia penal, especialmente el papel que juega la cuestión racial.


El 9 de diciembre de 1981, el oficial de policía de Filadelfia Daniel Faulkner detuvo un automóvil conducido por William Cook, el hermano de Abu-Jamal. Lo que sucedió a continuación todavía es motivo de disputa. Hubo disparos y tanto el oficial Faulkner como Abu-Jamal recibieron impactos de bala. Faulkner murió y Abu-Jamal fue hallado culpable de homicidio en un proceso judicial presidido por el juez Alberto Sabo considerado ampliamente racista. En apenas uno de numerosos ejemplos nefastos, una taquígrafa del tribunal afirmó en una declaración jurada que oyó a Sabo decir en la antesala del tribunal “Voy a ayudarlos a ejecutar al negro”.


Este último dictamen del tribunal de apelaciones está directamente relacionado con la conducta del Juez Sabo en la fase de condena del juicio de Abu-Jamal. La Corte Suprema de Pensilvania está considerando varios argumentos sobre si Abu-Jamal recibió o no un juicio justo. Lo que el tribunal de apelaciones halló de forma unánime esta semana es que no recibió una condena justa. El Fiscal de Distrito de Filadelfia, Seth Williams, decidió apelar el nuevo fallo ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Al respecto, Williams dijo:


“No voy a pedir que se revise todo el dictamen del Tribunal de Apelaciones, pero creo que a esta altura le pediré a la Corte Suprema que aclare y tome una decisión sobre qué deberíamos hacer en este momento”.


Como consecuencia de este fallo, Abu-Jamal podría obtener una audiencia de revisión completa de la sentencia en el tribunal, ante un nuevo jurado. En dicha audiencia, se darían instrucciones claras al jurado acerca de cómo decidir entre aplicar una condena a cadena perpetua o la pena de muerte, algo que el tribunal de apelaciones consideró que no recibió en 1982. En el mejor de los casos, Abu Jamal podría salir de la cruel reclusión y aislamiento del “corredor de la muerte” de la prisión de máxima seguridad SCI-Greene de Pensilvania. John Payton, abogado director del Fondo de Defensa Legal de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), y representante legal de Abu-Jamal, dijo: “El fallo es un paso importante en la lucha para corregir los errores de un capítulo lamentable de la historia de Pensilvania... y ayuda a relegar a un pasado lejano el tipo de injusticias en las que se basó esta condena a muerte”.


Su otra abogada Judith Ritter, profesora de la facultad de derecho de la Universidad Widener, me dijo: “Esto es extremadamente importante. Es literalmente una decisión de vida o muerte, y ratifica la desición de principios de la década de 2000 de dejar en suspenso la pena de muerte. En ese momento el Fiscal de Distrito impugnó el fallo de que la pena de muerte se había emplementado de forma inconstitucional, y ahora una vez más logramos la victoria judicial con respecto al fallo de que el jurado dictó una condena inconstitucional”


Le pregunté a la abogada Ritter si había hablado con Abu-Jamal luego de que el tribunal emitiera el fallo, y me dijo que la prisión no había aprobado su solicitud de una llamada legal de emergencia. No me sorprendió, considerando la cantidad de años que llevo cubriendo este caso.
Abu-Jamal tuvo que enfrentarse a muchos obstáculos para conseguir que se oyera su voz. El 12 de agosto de 1999, mientras estábamos en plena emisión de Democracy Now!, Abu-Jamal llamó a nuestro programa para que le entrevistásemos. Cuando comenzó a hablar, un guardia de la prisión arrancó el teléfono de la pared. Mumia Abu-Jamal volvió a llamar un mes después y nos contó:


“Otro guardia apareció en la puerta de la celda gritando a viva voz, '¡Esta llamada se terminó!' Cuando exigí saber por qué, respondió 'esta orden vino desde arriba'. Inmediatamente llamé al sargento que estaba parado vigilando, 'Sargento, ¿de dónde vino esta orden?' Se encogió de hombros y respondió: 'No lo sé. Simplemente recibimos una llamada para cortarle la comunicación'”.


Abu-Jamal presentó una demanda por la violación de sus derechos y la ganó.
A pesar de permanecer en aislamiento, Mumia Abu-Jamal continuó durante todo este tiempo con su trabajo como periodista. Sus comentarios de radio semanales se transmiten a lo largo y ancho del país. Así cierra su programa cada semana: “Desde el corredor de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal”. Mumia Abu-Jamal es autor de seis libros y recientemente fue invitado a presentar una ponencia sobre encarcelamiento racial en la Universidad de Princeton. Allí dijo (desde su teléfono celular conectado a un micrófono): “Muchos hombres, mujeres y jóvenes... pueblan el complejo industrial carcelario de Estados Unidos. Como muchos de ustedes saben, Estados Unidos, con apenas el 5% de la población mundial, alberga el 25% de los presos del mundo... la cantidad de personas negras en prisión aquí supera la del régimen del apartheid en Sudáfrica en su peor momento”.


Estados Unidos se aferra a la pena de muerte y está solo en esta materia entre los países del mundo industrializado. De hecho se encuentra entre los países del mundo que realizan ejecuciones con mayor frecuencia junto a China, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí y Yemen. El fallo de esta semana en el caso de Mumia Abu-Jamal es una razón más para abolir la pena de muerte.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español
Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/4/28/pena_de_muerte_uno_de_los_mayores_crmenes_de_estados_unidos

lunes, 11 de abril de 2011

FALSO DILEMA



Por: Camarada Juan


La oposición política en el Ecuador adolece de dos males: la megalomanía y la inoperancia. El primero, la conduce siempre a auto-representarse como una suerte de vanguardia democrática que lucha contra un autoritarismo intolerable, que sin embargo no es percibido así por la mayoría de los ecuatorianos.


El segundo mal, es la inoperancia. La oposición no ha sido capaz de utilizar los recursos constitucionales como la iniciativa popular o el derecho a la resistencia para posicionar políticamente sus temas o generar adhesiones programáticas en la ciudadanía.


Estos dos males provocan a mi entender, un vaciamiento de la política que reduce su campo de acción a la opinión pública dejando huérfanos sus espacios institucionales como la Asamblea Nacional o el mismo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.


Al moverse en el ámbito de la opinión pública, toda la lucha política se encapsula en una rueda sin fin de declaraciones, respuestas y contrarréplicas, que no tienen ningún efecto práctico.


Con esto tanto la oposición como el gobierno caen en un falso dilema: pensar que mientras más aparecen sus voceros en los medios más respaldo tienen sus respectivas posiciones, cuando de lo que se trata es de convertir esos discursos en votos; tema pendiente aún para ambos actores.


La ciudadanía por su parte es la gran ausente de esta lógica en la que la agenda se marca por la coyuntura generada por las decisiones del poder y las escazas respuestas de la oposición.


Orfandad ciudadana que en el mediano plazo podría convertirse en acción colectiva que proponga una tercera vía, alternativa al poder y a la inoperancia de la oposición. La historia lo dirá…

viernes, 1 de abril de 2011

Demanda contra “El Gran Hermano” reduce la historia a casuística

Autor Gustavo Abad

Tomado de rostroadusto.blogspot.com

Cuando diario Expreso publicó el reportaje “Las obras que ejecuta el hermano del presidente”, en junio de 2009, era difícil prever que, veintiún meses después, los periodistas Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita, principales responsables de ese trabajo, tendrían que cargar sobre sus huesos y recursos el efecto de los golpes bajos que han intercambiado en los últimos cuatro años los poderes político y mediático en el Ecuador.

La investigación inicial reveló que un grupo de empresas a las que estaba vinculado Fabricio Correa, hermano mayor del Presidente Rafael Correa, había obtenido contratos con el Estado por alrededor de 100 millones de dólares. Después, en agosto de 2010, Calderón y Zurita presentan el libro “El Gran Hermano”, en el que profundizan la investigación inicial, encuentran nuevos datos y despliegan un amplio relato sobre la corrupción en las altas esferas del poder.

Ahora, los dos periodistas afrontan un juicio planteado por el presidente Correa bajo la figura de “daño moral” por el contenido del libro. Aunque la investigación no señala responsables de delitos específicos, es una disección profunda de un tema clásico en el manejo de la cosa pública en el Ecuador: el tráfico de influencias. La reacción inicial del gobierno fue decir que se trataba de otra maniobra mediática para desacreditarlo, pero hasta ahora no ha podido desmentir los datos del trabajo periodístico.

Sin embargo, lo más grave de todo esto es que el juicio entablado por el mandatario contra los periodistas transforma el escenario inicial, de una necesaria lucha política por la transformación de las estructuras del campo mediático en el Ecuador, a una querella entre una autoridad ofendida y dos trabajadores de prensa sobrecargados con una responsabilidad que, para ser justos, nos corresponde a todos. El juicio contra los autores de “El Gran Hermano” reduce la compleja relación histórica entre comunicación y política al litigio coyuntural entre periodistas y autoridades. El presidente Correa, como acusador, convierte la historia en casuística.

Estamos ante una posición que desvirtúa la legítima la lucha política por la reconfiguración del espacio mediático. Quizá eso explique en gran parte el fracaso en el debate de la Ley de Comunicación; la tardanza de la sanción a los responsables de la asignación fraudulenta de frecuencias; la ilusoria desvinculación entre los poderes económicos y los medios; la ausencia de un órgano de regulación legítimo. El mejor argumento que puede dar el Presidente a la oposición es enjuiciar a todos los periodistas que pueda.

En un país como el nuestro, donde los gobiernos piensan que en ellos comienza y termina la política y donde los medios piensan lo mismo respecto de la comunicación, resulta tan fácil como peligroso pensar que toda esta confrontación se resuelve judicializando la actividad periodística. El juicio contra Calderón y Zurita abona esta falsa premisa porque, más allá de lo que pase en este caso, las estructuras del campo mediático, las relaciones de poder que ahí se manejan, las injerencias económicas y políticas en los procesos informativos, siguen intactas.

Lo paradójico es que dos periodistas, que han hecho exactamente lo que el gobierno ha demandado de esta profesión –rigurosidad informativa, contrastación de fuentes, verificación de datos, etc.– tienen que defenderse en los juzgados –con todo el desgaste emocional y económico que eso significa– de los efectos de una pelea que comenzó hace cuatro años entre un gobierno con discurso radical de izquierda y unas empresas de medios defensoras del establecimiento y sus privilegios.

En su trabajo, Calderón y Zurita exponen la diferencia entre hacer política contra el gobierno desde los medios y hacer investigación periodística siguiendo las normas del buen oficio. Ellos hicieron lo que tenían que hacer: periodismo y no proselitismo. Otra cosa es lo que hace la mayoría de medios privados y estatales, donde se impone un discurso corporativo de defensa del dueño: proselitismo y no periodismo.

El deseo personal de Correa de escarmentar a dos periodistas desplaza el foco de atención y conduce a olvidar que los temas centrales del debate político-comunicacional en el Ecuador, como el régimen de propiedad de las empresas informativas; las instancias de regulación; las condiciones laborales de los trabajadores de prensa; la censura y autocensura interna en los medios; los derechos colectivos a la comunicación y a la información, entre otros, siguen entrampados en medio de tanto ruido y demandas estériles.

jueves, 31 de marzo de 2011

Occidente bombardea, la Liga Árabe evade la responsabilidad


Autor

Pepe Escobar Asia Times Online

Tomado de rebelion.org

La historia seguramente registrará la ironía de que la nueva doctrina bélica del presidente de EE.UU., Barack Obama, se perfiló a bordo de Air Force One en ruta al profundamente pacífico Brasil; luego en un mensaje a EE.UU. desde Brasilia (sí, la Operación Amanecer de la Odisea se lanzó desde los trópicos y no desde el Mediterráneo); y finalmente en un cuarto de operaciones establecido en la asoleada y sexy ciudad de Rio de Janeiro.

Estos son los parámetros:

1. El Pentágono debe realizar una “operación limitada” sin la participación de tropas de tierra (hay que pensar en la actitud hacia Bosnia y Kosovo de Bill Clinton en los años noventa).

2. EE.UU. forma parte de una “coalición” (de los dispuestos), pero no la dirige (hay que pensar en lo contrario a George W. Bush en Iraq).

3. La operación es para “proteger civiles” y no tiene nada que ver con “cambio de régimen” (una vez más Clinton supera a Bush).

4. Todo se basa en “sólida legitimidad internacional” conferida por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, más explícita que la que autorizó a la OTAN a actuar en Kosovo (por no mencionar la resolución inexistente para que Bush bombardeara Iraq).

Sin embargo, inmediatamente después que los Tomahawk empezaran a volar, la Casa Blanca comenzó a encontrar problemas. La “operación limitada” –como el bombardeo de las defensas aéreas y las instalaciones militares de Muamar Gadafi– prácticamente puede haber terminado y los estadounidenses se mueren por que los alivien del esfuerzo. ¿Pero quién se queda a cargo? El general Carter Ham, jefe del Africom de EE.UU. y actual comandante del Amanecer de la Odisea, lo resumió bastante bien, cuando dijo: “Lo primero que tiene que pasar es que se identifique qué es esa organización”.

Vosotros combatís, nosotros observamos

No será la Liga Árabe, cuyo voto por una zona de exclusión aérea sobre Libia fue ampliamente alcahueteado por cada diplomático occidental como base para la resolución de las Naciones Unidas. Pero entonces, el secretario general de la Liga Árabe Amr Mussa dio marcha atrás, y dijo que el ataque había ido más allá del objetivo inicial, que era proteger, no matar civiles. Y finalmente el demagogo y oportunista, Mussa volvió a recibir órdenes de la Casa de Saud (que presionó fuertemente por la zona de exclusión aérea): dio otra media vuelta, y dijo que la resolución estaba bien.

Lo que nunca mencionan los medios corporativos occidentales es que entre los 22 miembros de la Liga Árabe fue Arabia Saudí –como líder de los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC)– la que cabildeó obsesivamente por la aplicación de la zona de exclusión aérea (gracias a la visceral mala sangre entre el rey Adbullah y Gadafi (vea El “top 10” del “Amanecer de la Odisea” en Rebelión del 22 de marzo); y que sólo Qatar enviará efectivamente un máximo de cuatro de sus cazas Mirage (nadie sabe cuándo). Incluso a pesar de que Obama llamó personalmente a Jeque Khalifa, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) cambiaron de opinión sobre el envío de sus jets y ayudarán solo en asuntos “humanitarios”.

El jefe del GCC, Abdul Rahman bin Hamad al-Attiyah, insistió en Abu Dhabi en que Qatar y los EAU forman parte de la “coalición” –pero se negó a explicar cómo-. En cuanto al rey de Bahréin, Hamad al-Khalifa, prefirió explicar superficialmente que el minúsculo reino había frustrado un “complot externo” para debilitar su seguridad y estabilidad; también agradeció profusamente a las fuerzas de invasión saudíes que ahora le ayudan a reprimir todas las protestas pacíficas.

Los sorprendentes titubeos y la hipocresía del GCC y de la Liga Árabe son complicados por la hostilidad abierta de la Unión Africana (UA) hacia la “coalición”, expresada en un comunicado desde Nouakchott, Mauritania, llamando a “un fin inmediato de todos los ataques”. La UA sólo demanda que Gadafi asegure que “ayuda humanitaria” llegue a los que la necesitan.

Esto revienta el mito de que la “comunidad internacional” apoya el Amanecer de la Odisea. Las dictaduras árabes –que una vez más han aprobado un ataque a un país musulmán– temen a muerte la reacción de sus poblaciones si aumenta el “daño colateral”.

La blogosfera árabe está saturada de acusaciones de que la ONU y la Liga Árabe han aprobado una desvergonzada conspiración occidental para apoderarse del petróleo libio. Los países africanos se oponen en su mayoría. Las potencias emergentes clave –Brasil, India, Indonesia, Turquía– no participan. Los cuatro miembros del BRIC (Brasil, Rusia, India, China) se abstuvieron en la votación en la ONU.

China ha sido plenamente consciente de que tanto en África como en Suramérica –donde sus intereses comerciales rivalizan ahora con los de EE.UU.– el apoyo a la “coalición” es mínimo. Y Rusia ha ido un paso más lejos: según el primer ministro Vladimir Putin: “La resolución es defectuosa y deficiente… Lo permite todo. Se parece a llamados medievales a las cruzadas”. Es verdad, Rusia tiene contratos de armas con Libia de un tenor de 4.000 millones de dólares, y la mitad está pendiente. No es sorprendente que el supremo del Pentágono, Robert Gates, no haya podido convencer a Moscú para que apoye a la “coalición”.

Disputa encarnizada

Será que esta “coalición” tiene que ver en realidad sólo con la OTAN. ¿Será verdad?

Hay una disputa encarnizada dentro de la OTAN. Nadie sabe cómo interpretar esa resolución “que permite todo”. En Gran Bretaña, el Ministerio de Defensa jura que la eliminación de Gadafi no forma parte del mandato (reflejando la opinión de Gates, quien dijo que sería “imprudente”). Pero el gobierno de David Cameron piensa que todo tiene que ver con el cambio de régimen. Y así es en la práctica para el gobierno de Obama –véase que todos, desde el presidente Obama a la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, insisten en que “Gadafi debe irse”.

Francia –siguiendo el síndrome napoleónico del presidente Nicolas Sarkozy– no quiere entregar el comando a la OTAN. Otros miembros de la OTAN se quejan en voz alta de que los anglo-franceses más EE.UU., monopolizan todas las decisiones.

Turquía, extremadamente preocupada por las muertes de civiles, y sobre todo preocupada por preservar su actual excelente posición en el mundo musulmán, se opone firmemente a una intervención de la OTAN –y en su lugar aboga por una revisión de otras posibles estrategias e incluso por un inmediato alto el fuego occidental. El primer ministro Recep Tayyip Erdogan dijo: “La intervención militar de la OTAN en Libia y en cualquier otro país sería totalmente contraproducente”.

En este contexto, es absurdo creer –como los proverbiales sospechosos de los think-tank– que una intervención de la OTAN siguiendo el modelo de Kosovo sería “exitosa”. En 1999, la OTAN bombardeó Yugoslavia durante 78 días, lanzó por lo menos 20.000 toneladas de bombas; y produjo miles de “daños colaterales” – todo en nombre de la “protección” humanitaria de los albanos en Kosovo. La masacre de Srebrenica, a propósito, tuvo lugar después de que la OTAN impuso una zona de exclusión aérea sobre Bosnia.

Liga de forajidos

El consorcio anglo-francés-estadounidense que dirige el Amanecer de la Odisea se ha dejado engañar por su propia propaganda –convencido ciegamente de la participación de la Liga Árabe- E incluso si la Liga Árabe participara totalmente, significaría que el Amanecer de la Odisea está apoyado por los mismos personajes de los que intenta librarse la gran revuelta árabe de 2011.

La posición de la Liga Árabe se basa en dos motivos muy tenebrosos. Uno es el rey Abdullah y la obsesión de la Casa de Saud de eliminar a Gadafi. El otro es la campaña de Mussa por convertirse en el próximo presidente de Egipto. Mussa recibe sus órdenes de la Casa de Saud mientras trata de seducir a Washington para que apoye su candidatura a la presidencia.

La resolución de la ONU no tiene nada que ver con alto el fuego. Los propios “rebeldes” ya han dicho que no aceptarán otra cosa que un cambio de régimen. La resolución apunta a un cambio de régimen –no importa lo que digan los militares británicos y estadounidenses-. Hay que contar con que caerán más misiles de crucero en el complejo de Gadafi en Bab al-Aziziya.

Si Gadafi resiste, las cosas se pondrán aún peor. Según el derecho internacional su régimen sigue siendo legítimo. Podría incluso invocar el derecho a combatir contra una insurrección armada que trata de derribar su régimen. En realidad tiene más derecho que las dictaduras de Yemen y Bahréin, que matan a tiros a los manifestantes desarmados.

La verdadera prueba para la nueva doctrina bélica de Obama –y sus acólitos europeos– será cómo lograr un cambio de régimen sin una guerra terrestre. Pero la historia podrá decidir que exactamente como en Georgia, Chipre, Nagorno-Karabakh, Kosovo o Nor/Sudcorea, podríamos estar en camino de despedirnos de la Libia unificada.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com. Copyright 2011 Pepe Escobar (Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.) Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC23Ak02.html

viernes, 25 de marzo de 2011

A LA MEMORIA DE RODOLFO WALSH

Después de 34 años del asesinato del reconocido periodista argentino Rodolfo Walsh, autor de Operación Masacre, Quién mató a Rosendo, etc. ESCRIBE CON ROJO se hace eco de su ejemplo de rebeldía con el siguiente artículo publicado por rebelion.org

AUTOR:
Alejandro Hosne

Aniversario del asesinato del escritor argentino Rodolfo Walsh
Carta de un escritor a la Junta Militar

Viajó en tren desde la provincia de Buenos Aires a la capital, con un sombrero de paja, parte de su disfraz de jubilado. Llevaba una pistola calibre 22, pero su arma principal, que también llevaba encima, estaba hecha de palabras. Era una carta. Sabía perfectamente que a causa de sus palabras era que lo buscaban desde hacía años; tenía el don de hacer de sus ideas duros y reveladores escritos, siempre denunciantes del poder político y sus crímenes. Ahora, bajo la dictadura militar más sanguinaria de la historia de Argentina, continuaba persiguiendo a sus perseguidores, prácticamente solo. Planeaba enviar la carta a medios de comunicación nacionales y a corresponsales extranjeros.
Ese 25 de marzo de 1977 la ciudad de Buenos Aires debió verse vacía, controlada, solitaria. Nada de ruido ni gentío, el silencio era el eje de hierro de la vida diaria, por más que muchos millones de argentinos lo negaran o pretendieran acostumbrarse. El año anterior, luego del violento golpe de estado, él y un pequeño grupo de periodistas y militantes habían creado ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina). Sin descanso, informaban sobre lo que nadie quería informar: las atrocidades cometidas por la dictadura. Los periódicos de la época recibían esos cables. Jamás los publicaron. Por miedo incluso a veces ni los leían, aunque en algunos medios extranjeros llegaron a divulgarse.

Su carta, esta vez, iba firmada. Con su nombre y número de documento. Entre tanta censura y omisión, decidió que firmar y hacerse responsable de su texto era más necesario que nunca. Es inútil mencionar que se jugaba la vida.
Llegó a la esquina donde debía verse con un compañero de la organización guerrillera. Algo estaba mal, quizá haya visto demasiado movimiento o demasiado poco. No tardó en advertir que la cita estaba cantada, lo que significaba que su compañero había sido apresado y bajo tortura confesó donde iban a encontrarse. Uno de los represores del grupo de tareas del ejército tenía la orden de taclearlo (era ex rugbier) y capturarlo vivo. El militar no pudo taclearlo, y Rodolfo Walsh sacó su pistola, no tanto para matar sino para impedir que lo capturaran. Lo había dicho él mismo en un escrito meses atrás: ser capturado vivo significaba torturas indefinidas, delación, humillación.

Encargado de logística, jefe de información de la organización guerrillera, el escritor y periodista era uno de los objetivos más buscados (¿odiado, temido?) por los cabecillas de la dictadura. Walsh disparó su pistola y enseguida varias ráfagas de ametralladora cayeron sobre él. No se sabe si llegó vivo al siniestro centro de detención clandestino de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) o si murió en el tiroteo, lo cierto es que no sobrevivió a ese día. Al final no pudieron sacarle nada, sin contar con que antes de acudir a la cita-trampa ya había depositado en un buzón su hoy célebre “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, dirigida a los principales medios periodísticos. En ella analizaba con impresionante lucidez, anticipándose a toda investigación realizada posteriormente en democracia, los horrores que estaba viviendo la nación argentina; exponía sus infamias, su rendición al capital financiero, su deliberada entrega del estado a manos privadas, la censura, el control ideológico, el asesinato, todo estaba ahí.

La carta no fue publicada en su momento. Hoy es un documento histórico y literario.
Walsh, escritor vivo, hizo de la palabra literatura y denuncia, periodismo y poesía. Sus ideas, ideales, se siguen expresando porque están vivos y fueron dichos en voz alta. No sólo son el reflejo de un momento histórico sino de una ética personal, de un admirable estado de conciencia.
Fuente original: http://impreso.milenio.com/node/8929363

miércoles, 23 de febrero de 2011

LA INEPENDENCIA ES OTRO NOMBRE DE LA DIGNIDAD


EDUARDO GALEANO

Palabras pronunciadas el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor Eduardo Galeano

Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.

Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.

En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.

Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.

Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.

Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.

Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:

–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.

Y también:

–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.

A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:

–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?

Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.

A los ochenta años, escribió:

–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.

Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.

Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?

¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.

Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa.

Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.

Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.

Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.

Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.

Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.

Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.

Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.

Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.

Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?

Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:

–A veces. Depende de la hora.

Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.

Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.

Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire.

Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.

Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.

Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: Nadie nos va a mentir nunca más?

Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

viernes, 11 de febrero de 2011

Hosni Mubarak entregó el poder a los militares

SI bien es cierto el pueblo de Egipto logró que Mubarak salga del poder, esto no significa, todavía, que se haya cumplido con el objetivo de una transición democrática a esta crisis política ya que los destinos del país fueron delegados a las Fuerzas Armadas, las mismas que apoyaron y respaldaron las reformas para que Mubarak permaneciera en el poder cerca de 30 años.


El pueblo egipcio combatió desde el 25 de enero en la plaza de la Liberación de El Cairo y en muchas otras ciudades. Su resistencia, hasta el momento, deja como saldo 300 muertos y miles de heridos. Sin duda, estas son las secuelas más duras que los egipcios deberán curar para buscar un nuevo rumbo en los destinos de su país.


ESCRIBE CON ROJO envía al pueblo egipto la mejor de las suertes y la sabiduría necesaria para que puedan afrontar con madurez política esta crisis.