ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives" ESCRIBE CON ROJO "Si no vives como piensas, terminas pensando como vives"

viernes, 25 de mayo de 2012

CUANDO LA INTOLERANCIA SE CONVIERTE EN PRINCIPIO DE VIDA


LAMENTABLEMENTE EXISTEN PERSONAS QUE VIVEN Y PIENSAN DE ACUERDO A CÁNONES DE EXCLUSIÓN, IRRESPETO A LA DIVERSIDAD Y, SOBRE TODO, DE PREJUICIOS MORALES NOCIVOS PARA LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO.

ESCRIBE CON ROJO RECHAZA ENÉRGICAMENTE ESTE TIPO DE OPINIONES

A CONTINUACIÓN EL ARTÍCULO PUBLICADO EN DIARIO EL COMERCIO 

¿FAMILIAS ALTERNATIVAS?
Miguel Macías Carmigniani Jueves 24/05/2012

El Día de la Madre fue motivo de gran discusión en varios hogares, un reportaje sobre las denominadas “familias alternativas” que publicó ese mismo día un importante diario nacional, donde en grandes titulares, entre otros, se destacó lo siguiente: “Helen y Nicola libran batalla jurídica por la “verdadera paz”, “Pareja de lesbianas crió a un bebe que ahora tiene 14 años”, “Transexual acogió al hijo de su ex pareja y aún lo cuida”, “Una niña llama “papi” al transexual que la concibió”, “Adolescente optó por vivir con su padre homosexual”.
Titulares como estos causan mucho daño y confusión a jóvenes que no están bien formados, pues al leer su contenido, ellos pueden creer que es normal que los homosexuales y las lesbianas se casen entre sí, que formen una familia, o que adopten niños, lo cual es inconcebible y repugnante. ¿Y la moral a dónde queda?
Destacar que dos extranjeras han iniciado una “batalla jurídica” para intentar inscribir a la hija de una de ellas, como hija de ambas, sin manifestar que ello es ilegal e inconstitucional, y que es contra natura, es criticable.
En el mundo loco en que vivimos, tenemos que aceptar -a regañadientes- que los homosexuales hayan “salido del clóset” y que estos al igual que las lesbianas y transexuales se paseen cogidos de la mano por las calles de nuestras ciudades, lo cual es repugnante. Pero lo que jamás debemos aceptar, es que esta clase de desadaptados sociales críe a hijos. Los medios de comunicación deben destacar que es anormal, que homosexuales se casen entre sí y que lesbianas hagan lo propio.
El Reverendo Padre Paulino Toral, con R y P mayúscula, Director de la Fundación Casa de la Vida (Iglesia Santa Teresita) del cantón Samborondón, provincia del Guayas, con justa razón califica a la homosexualidad como un estado síquico anormal.
Sólo cabe el matrimonio entre un hombre y una mujer. Es inaceptable que parejas del mismo sexo y/o transexuales puedan adoptar y/o criar a un niño o a una niña, y no cabe que Constitución ni ley alguna conceda derechos para ello, a parejas que no sean formadas por un varón y una mujer.
Es aberrante que algunos medios de comunicación colectiva, sin “querer queriendo”, exalten el homosexualismo y el lesbianismo, lo cual debe ser rechazado por la sociedad.
El matrimonio, como lo establece nuestra Constitución, es la unión entre un hombre y una mujer y no entre personas del mismo sexo, como se ha aprobado en otros países. Ni siquiera la unión de hecho, cual es la unión estable y monogámica entre dos personas, libres de vínculo matrimonial, podría aceptarse que sea formada entre personas del mismo sexo, ya que de acuerdo a la naturaleza humana y a la moral, esto es inconcebible.
No caben familias alternativas. Los legisladores deberían rever esta situación en la Constitución mediante una consulta popular.

jueves, 8 de marzo de 2012

Esa izquierda que es de derecha

Por: Roberto Follari
Tomado de El Telégrafo

Los actuales gobiernos populares de Latinoamérica (Chávez, Evo, Correa, Cristina de Kirchner, Rousseff) no son perfectos, ni mucho menos. No han abolido el capitalismo, ni podrían hacerlo.
Entre otras cosas porque no nacen de revoluciones sociales (las cuales, en la actual cultura posmoderna, están totalmente fuera de posibilidad histórica); y porque, ciertamente, hay que considerar que los gobiernos surgidos de revoluciones sociales tampoco han acabado con el capitalismo (ver China, Vietnam, Argelia, por dar unos pocos casos).

De tal modo, el ideologismo de izquierda que pretende que solo apoyarían a un gobierno que acabe de cuajo con el capitalismo, peca hoy de idealismo e inadecuación a las posibilidades que se dan en la realidad.

Siendo que las izquierdas dogmáticas no apoyan a gobiernos que han quitado buena parte del poder del Estado a las oligarquías tradicionales y burguesías ociosas y que han producido cierta redistribución importante del acceso a bienes y servicios, muy a menudo tales izquierdas actúan objetivamente al servicio de las derechas.

Esas derechas históricas saben bien lo que quieren: volver a disponer a voluntad del aparato del Estado. Hoy no lo tienen en Latinoamérica; al menos no lo tienen con la plenitud y comodidad que habitualmente han mantenido.

Por el contrario, es en este subcontinente donde peor les va a nivel mundial. Y mientras un neoliberalismo brutal se enseñorea terminando de empobrecer a Europa, por aquí crecemos a tasas chinas y disminuimos significativamente la brecha de la desigualdad social.

Las izquierdas siguen clamando que luchan por el socialismo, y se vuelven intransigentes con estos gobiernos. Generalmente, carecen de toda posibilidad de llegar al gobierno por sí mismas, de modo que coadyuvan objetivamente a preparar el terreno de la restauración de derechas, que algunos de ellos -torpemente- consideran conveniente, pues así “se agudizarían las contradicciones”.

Así vemos a cierta izquierda venezolana creer (o fingir creer) que el derechista proempresarial Capriles pueda seriamente... ¡ser un admirador de Lula! (según un invento publicitario para convencer incautos). Y va a votar a este candidato impulsado por el stablishment. Algunas organizaciones indígenas en el Ecuador se enfrentan sistemáticamente al gobierno, mientras en la Argentina grupos antimineros concitan sospechosamente la unidad de la derecha con la izquierda.

Hay todo el derecho a disentir, pero no lo hay a hacer el juego a los poderosos de siempre. Ojalá las izquierdas fueran capaces de hacer en serio una estrategia propia, que las llevaran a tener más matices en sus relaciones con estos gobiernos de nuestra región.

El castigo de no hacerlo -que lo sería no para las organizaciones de izquierda sino para nuestros pueblos, y sobre todo para los más pobres entre ellos- se daría por el eterno retorno del histórico bloque en el poder, en la vuelta al gobierno por parte del neoliberalismo más crudo y del capitalismo más concentrado y depredador.

http://www.telegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=31658&Itemid=29

viernes, 17 de febrero de 2012

Democracia vs medios de comunicación

Autor: Roberto Follari
Tomado de diario El Telégrafo 17 de febrero 2012

Vemos en algunos de nuestros países de Sudamérica -muy especialmente aquellos donde los gobiernos han afectado algunos intereses económicos dominantes- cómo arrecian campañas mediáticas ciertamente impiadosas, monocordes, repetitivas y sistemáticas: según ellas, los gobiernos elegidos por el voto popular serían ilegítimos en su accionar, y por ello se los rechaza por pretendidos ataques a la libertad de prensa, cuando no incluso por supuestas tendencias autoritarias que estarían deformando las condiciones democráticas.
En verdad, son estas posturas propaladas desde unos pocos pero poderosos medios de comunicación (ya sea gráficos, radiales o televisivos) las que afectan negativamente la democracia.

Es curioso que la opinión de un puñado de dueños de medios y de periodistas afines pretenda ponerse por encima de la voluntad popular, y dictaminar qué es lo que deba entenderse por ejercicio democrático del poder. Por cierto que hay siempre derecho a disentir con la opinión de las mayorías, pero habrá que hacerlo con el cuidado y el respeto del caso.

Cuando, en cambio, se pretende que el punto de vista mayoritario de la población sería intrínsecamente ilegítimo, y de hecho actores sociales que nadie eligió se erigen en supuestos dueños de la verdad cívica por encima -y en contra- de la voluntad mayoritaria, es evidente que se está lesionando las condiciones de representación que son propias del sistema democrático.

Párrafo aparte merece la cuestión de la libertad de prensa. La misma en ningún caso puede entenderse como impunidad para el agravio o la injuria, o para simplemente escribir falsedades. Tampoco para exagerar las noticias que vengan bien al interés de quienes dirigen el medio, y minimizar o ignorar las que caigan mal al mismo.

Por supuesto que la libertad de opinión -que es una cuestión diferente- debe estar siempre garantizada. Y es cierto que ella lo está a tal punto en el caso de nuestros países, que gracias a su vigencia (y al abuso intencionado que algunos hacen de la misma) se puede permanentemente hacer prédica contra los gobiernos legítimamente elegidos.

Como no nos cansamos de afirmar quienes hemos tenido que soportar dictaduras extremas, como lo fue la criminal última dictadura en Argentina, cuando alguien puede reiteradamente afirmar por los medios que se está ante una situación de dictadura o de enorme autoritarismo, se demuestra en los hechos todo lo contrario; solo donde no hay dictadura puede alguien escribir en un diario o decir por TV que la hay.

Pues si hubiera dictadura, hablar en un medio contra el gobierno sería simplemente imposible. En Argentina, alrededor de 100 periodistas asesinados durante la dictadura muestran elocuentemente lo que afirmo.

No hay gobiernos perfectos, y los que tenemos no lo son. Van en buena dirección estructural en muchos casos, lo cual no obsta para que pueda hacérseles críticas fundadas. Pero la crítica es un ejercicio responsable, no se parece al ataque, la invectiva o la agresión.

Cuando se apela a estos últimos se desnuda la falta de convicciones y argumentos; se deja de cumplir la función pública que corresponde cubrir a un medio, aun cuando este sea de propiedad privada (pues opera dentro del espacio de constitución de opinión ciudadana y le corresponde asumir las responsabilidades pertinentes) y se antepone el derecho de unos pocos dueños de grandes medios a imponer su punto de vista, sobre el derecho a la información veraz e ideológicamente plural que tiene el conjunto de la población, derecho que es propio de millones de personas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

DECLARACIÓN COMPLETA DE LA JUEZA MÓNICA ENCALADA

ES PREFERIBLE LEER UNO MISMO LA DECLARACIÓN JURAMENTADA DE LA JUEZA MÓNICA ENCALADA PARA PODER TENER MÁS ELEMENTOS DE JUICIO Y SACAR NUESTRAS PROPIAS CONCLUSIONES...


LAS PERLAS DEL CASO EL UNIVERSO

ES DIFÍCIL CREER TODO LO QUE PASA EN ESTE COMPLICADO CASO

UNA MUESTRA DE AQUELLO ES EL VIDEO DE LA JUEZA MÓNICA ENCALADA EN LA QUE SE TRATA DE CURAR EN SANO DESPUÉS DE HABER SIDO PARTE DEL PROCESO...

LO MEJOR HUBIESE SIDO HACER ESAS ACUSACIONES, TAN GRAVES, ANTES DE QUE SE HAYA DICTADO LA SENTENCIA...

A SACAR NUESTRAS PROPIAS CONCLUSIONES

http://youtu.be/aC6qRx0A-TI


viernes, 16 de diciembre de 2011

EL PRIMER REGALO DE NAVIDAD

Tomado: http://revistacaricato.blogspot.com/




Ya no le atinamos a nada

F: Los padres de familia

UNA RENUNCIA MUY PARTICULAR

PROFESOR RENUNCIA A SU CÁTEDRA PORQUE SUS ALUMNOS NO ESCRIBEN BIEN


Tomado de EL TIEMPO

08 de diciembre del 2011


Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito -ortografía, sintaxis- y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.


No voy a generalizar. De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro. Estudiantes de Comunicación Social entre su tercer y su octavo semestre, que estudiaron doce años en colegios privados. Es probable que entre cinco y diez de ellos hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los 40 y los 50, que tienen buenos trabajos, educación universitaria. Muchos, posgraduados. En casa siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos 20 de esos estudiantes tiene banda ancha, y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales por cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.


Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas; a lo más, vemos una o dos en todo el semestre. Quizá, ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles una presentación con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de hacer que lean A sangre fría. Quizá, no debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras, sino de tres cuartillas, mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.


De esas limitaciones y dubitaciones, quizá, vengan las pocas y tibias preguntas de mis estudiantes este último semestre, sus silencios, su absoluta ausencia de curiosidad y de crítica. De ahí, quizá, vengan sus párrafos aguados, con errores e imprecisiones, inútilmente enrevesados, con frases cojas, desgreñadas. Esos párrafos vacilantes, grises, que me entregaron durante todo el semestre. Pareciera que estoy describiendo a un grupo de zombis. Quizá, eso es lo que son. Los párrafos, quiero decir.


El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. A partir de clásicos nacionales y extranjeros, los estudiantes componían escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero, un resumen: todos los textos de los editores son breves, o deberían serlo -contracubiertas, textos de catálogo, solapas, etcétera-. Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen pertinente y económico, pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña.


En el centro de todo el programa estaban la participación y la escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación.


El otro concepto transversal, la economía lingüística, buscaba mostrarles la importancia de honrar la prosa. Si uno en 100 palabras debe sintetizar un libro de 200 páginas, debe cuidar cada palabra, cada frase, cada giro. En últimas, la palabra escrita les dará de comer a estos estudiantes cuando sean profesionales, no importa si se desempeñan como editores de libros, revistas o páginas web, como periodistas o como profesores e investigadores.


Los estudiantes de este último semestre, y los de dos o tres anteriores, nunca pudieron pasar del resumen. No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra, en el 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía y espíritu crítico.


Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. "Esos gorditos de más". El mensaje en el Blackberry.
Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño: a los 20 años, fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas, e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía.


No sé. En esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.


Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios, que se afanan en el bilingüismo, sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. A los padres que querían que sus hijos estuvieran seguros, bien entretenidos en sus casas. Es cándido culpar al "sistema". Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los 20 años o menos.


Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.


Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis. Ya veremos qué pasa dentro de unos pocos años, cuando estos veinteañeros de ahora tengan 30 y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas, voy a pensar en este asunto, a mirarlo con detenimiento. Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta.


Camilo Jiménez

Especial para EL TIEMPO