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miércoles, 25 de octubre de 2017

AUTORITARISMO Y CORRUPCIÓN

Por: Wilson Benavides


Desde que Lenín Moreno asumió la Presidencia de la República el pasado 24 de mayo, sectores del oficialismo y la oposición intentan convertir al “autoritarismo” y a la “corrupción” en los conceptos centrales para definir el legado del gobierno de Rafael Correa (2007-2017).

Foto tomada de diario El Universo

Es claro que quienes se enmarcan en el primer concepto, sostienen su argumento utilizando modelos teóricos e índices de desempeño de las democracias elaborados en países desarrollados generalmente con gobiernos parlamentarios, que nada tienen que ver con la realidad latinoamericana y menos aún, ecuatoriana. Estas matrices de pensamiento estigmatizan a los sistemas presidencialistas y condenan los liderazgos firmes y el legítimo ejercicio de su autoridad, calificándolos de “autoritarios” o “populistas”.

Paralelamente, los que abanderan el tema de la corrupción priorizan el escándalo mediático por sobre la investigación seria y argumentada para calificar de “corrupto” a todo el gobierno de Correa, sin mencionar que fueron las propias investigaciones realizadas durante esa gestión las que permitieron desmantelar históricas redes de corrupción en las empresas telefónicas y Petroecuador, así como iniciar acciones concretas por el caso de la constructora brasileña Odebrecht.

Alimentando la idea del supuesto autoritarismo de la anterior administración, organizaciones como la CONAIE ha puesto como condición para dialogar con el Presidente Moreno que la Asamblea Nacional dé paso al pedido de amnistía para 225 procesados en 35 casos de supuesta criminalización de la protesta durante el gobierno de Correa. Llama la atención, sin embargo, que en esa lista se encuentren ciudadanos acusados de delitos comunes que nada tienen que ver con circunstancias de índole política e incluso están nombres de fallecidos o personas que no tienen ningún proceso judicial en su contra. Hasta el momento, la Asamblea Nacional ha dado paso al trámite de 9 casos que incluyen a más de 30 procesados.
 
Foto tomada del Flickr de la Presidencia
Algo parecido sucede con la corrupción donde al parecer algunos sectores de oposición en el parlamento ecuatoriano buscan hacer de la fiscalización una plataforma para obtener presencia ante las cámaras de TV, pero rechazan cualquier acción concreta orientada a combatirla efectivamente, porque eso implicaría anular sus propios argumentos.

Es así, que pese a que en la campaña electoral ofrecieron una lucha sin cuartel a la corrupción, el bloque del movimiento CREO, votó en contra de la resolución que -con 106 votos a favor, incluidos varios legisladores de oposición- aprobó hace varias semanas la Asamblea Nacional.

El parlamento ecuatoriano enjuició políticamente al contralor, Carlos Pólit; convocó al fiscal general, Carlos Baca; e integró una comisión multipardista para investigar el tema Odebrecht, incluso en países donde sea necesario visitar para recabar información sobre este delicado asunto.   

En este escenario, “autoritarismo” y “corrupción” intentan convertirse en los elementos centrales para configurar un nuevo paraguas ideológico, un conjunto de creencias, valores y prácticas que buscan encapsular todo el legado de Rafael Correa en ambas denominaciones. 

Sin embargo para las grandes mayorías, especialmente para los sectores más humildes, “autoritarismo” y “corrupción”, son dos caras de una misma moneda, con la que los sectores dominantes buscarán justificar sus acciones para reconquistar sus privilegios de siempre.

lunes, 1 de junio de 2009

LAS URNAS: EL OCASO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL GOBIERNO DE CORREA

Desde el retorno a la Democracia en 1979 el debilitamiento y la desaparición, en algunos casos, de los partidos políticos CFP, DP, ID, PSC, PRE, que afianzaron el regreso al Estado de Derecho, después de poner fin a varias dictaduras en la década del 70, están en el ocaso de su participación política en nuestro país.

Existen aspectos particulares que aceleraron el deterioro de la democracia y la credibilidad en los partidos políticos: la falta de formación de nuevas figuras políticas, los principios partidistas anacrónicos a los pedidos de cambio de la población, la creación y aprobación de leyes en defensa de los intereses corporativistas y no los de la sociedad en general, la poca transparencia y democratización al interior de los partidos, las posturas arrogantes y orgullosas al clamor del pueblo de una cohesión nacional en busca de intereses comunes, entre otras.

Más importaron las ínfulas caudillistas que el beneficio de los ecuatorianos, se privilegiaron posturas necias a soluciones razonables, se elogiaron y conservaron al frente de los partidos a ídolos de barro que lo único que buscaron fue el reconocimiento y halago de los suyos y más no el beneficio de millones de ecuatorianos.

El fruto de este sin número de apatías políticas es aleccionador, verbigracia el resultado de las últimas elecciones en las que “la partidocracia” sufrió un duro revés. Echemos una mirada a las cifras: en el año 2002 gana las elecciones Lucio Gutiérrez, considerado como un outsider político, el Coronel que lideró junto a Antonio Vargas, presidente del Movimiento Indígena (CONAIE), la asonada contra Mahuad. Con un insipiente partido político (SP) asumió el mando, este triunfo se le denominó el rechazo a los partidos tradicionales. Sus contendores fueron Rodrigo Borja (ID), Álvaro Noboa (Prian), Xavier Neira (PSC), Oswaldo Hurtado (DP), León Roldós (Independiente), Jacobo Bucaram (PRE), entre otros.

El triunfador de las elecciones del 2006 Rafael Correa, considerado también como un outsider político, llega al Palacio de Carondelet sin un respaldo legislativo, un caso inédito en contiendas electorales, el Movimiento Alianza País no presentó candidatos para diputados ya que una de sus promesas de campaña era la Asamblea Constituyente con plenos poderes para diseñar una nueva Constitución. Correa sin una maquinaria política clara derrotó en las urnas al magnate Álvaro Noboa, a la carismática pero poco convincente Cynthia Viteri y al catedrático León Roldós entre los principales contendores políticos.

Sin embargo, el mejor reflejo del ocaso de los partidos políticos es el rechazo generalizado del pueblo ecuatoriano evidenciado en las últimas votaciones en el gobierno de Correa. En la Consulta Popular del 15 de abril de 2007, con una votación del 82% a favor de la instalación de la Asamblea Constituyente.

En la elección de asambleístas del 30 de Septiembre de 2007, se enterró las ilusiones de levantarse entre los muertos a la pérfida “partidocracia” que apenas contó con 43 representantes en Montecristi. El movimiento gobiernista controló la Asamblea con 79 escaños de los 130.

A un año del triunfo del oficialismo en la elección de asambleístas, un rotundo 64% de ecuatorianos, el domingo 27 de septiembre, avaló la nueva Constitución que se redactó en Montecristi y el colofón de la bofetada popular se dio el domingo 26 de abril con el 52% de los electores aprobando la reelección de Correa, confirmando en las urnas, con el voto y la decisión del soberano, que los partidos políticos deben reestructurarse, ser más democráticos y sobre todo deben aprender a sintonizar con las demandas de la población.


AUTOR: EDISON PÉREZ